🗂️ Tu sistema de gestión ya existe, solo que nadie lo diseñó
Primera parte de una serie de tres sobre cómo recuperar el sistema de gestión sin lanzar una transformación.
Cuando se habla de sistema de gestión suele darse por hecho que es algo que hay que implantar: elegir un modelo, formar a la gente, desplegarlo. Merece la pena empezar por otro sitio, porque tu organización ya tiene uno funcionando ahora mismo. Lo que ocurre es que nadie lo diseñó.
El sistema de gestión real es el calendario
Lo que de verdad gobierna una organización no está escrito en ningún manual. Son las reuniones que se repiten, los informes que se preparan cada mes, los pasos de aprobación que hay que pasar, los indicadores que se revisan y las vías de escalado que la gente usa cuando algo se complica. Ese conjunto decide qué se mira, qué se ignora, quién se entera de qué y a qué velocidad se responde. Es el sistema de gestión, aunque no se llame así en ningún sitio.
Cómo se acumula sin que nadie lo decida
Casi ninguna de esas rutinas nació de un diseño. Nacieron de otra cosa: una reorganización, un incidente que no se quiere repetir, la marcha de alguien que llevaba un tema en la cabeza, una auditoría, un jefe nuevo con una costumbre distinta. Cada una tuvo un motivo razonable el día que se creó.
El problema es que los motivos caducan y las rutinas no. Nadie tiene el encargo explícito de retirar una reunión. Quitarla parece descuido y mantenerla no cuesta nada visible, así que el sistema crece por acumulación y jamás por diseño. Al cabo de unos años, la organización se gestiona con una capa de sedimentos que nadie ha mirado entera.
Cuatro preguntas para cada rutina que se repite
El ejercicio es simple y no requiere permiso de nadie: haz la lista de todo lo que se repite (reuniones, informes, aprobaciones, revisiones de indicadores) y pásale estas cuatro preguntas a cada elemento.
- ¿Qué decisión produce? Si la respuesta es ninguna, no es una rutina de gestión, es una rutina informativa que probablemente cabría en un mensaje escrito.
- ¿Quién es el dueño de esa decisión? Un nombre concreto, no un comité ni un departamento.
- ¿Qué información necesita para ser una buena decisión? Y si esa información no llega nunca a tiempo, ¿por qué seguimos celebrando la reunión?
- ¿Qué se rompería si la canceláramos el mes que viene? Es la pregunta más incómoda y la más rápida de responder.
La segunda pregunta suele ser la que más ruido hace, por el motivo que ya comentamos al hablar de quién puede decidir de verdad. Muchas rutinas existen para preparar decisiones que nadie tiene atribuidas.
Lo que casi siempre aparece en ese inventario
- Reuniones que informan de cosas que ya estaban escritas. Se leen en voz alta datos que todos los asistentes podían haber leído solos.
- Informes preparados con esmero que nadie abre. Se sabe enseguida: basta con preguntar quién los usó la última vez y para qué.
- Aprobaciones cuyo origen nadie recuerda. Añaden espera y casi nunca rechazan nada, que es la definición de un control que ya no controla.
- Indicadores que se revisan por costumbre. Si un número lleva dos años sin cambiar ninguna decisión, está decorando.
- Y lo más llamativo: ningún sitio donde se decidan las cosas que cruzan departamentos. Hay foro para cada área y ninguno para lo que pasa entre ellas, que es justo donde se atasca el trabajo.
Por qué conviene empezar exactamente por aquí
Porque no cuesta dinero, no requiere aprobación de nadie más que de quien convoca, no hay que comprar ni certificar nada, y da un mapa real en lugar de uno teórico. Pero sobre todo porque evita el error más común: montar un sistema de mejora encima del sistema de gestión existente. Cuando eso pasa, la organización acaba con dos sistemas en paralelo, uno donde se trabaja y otro donde se mejora, y el segundo siempre acaba perdiendo.
No hace falta implantar un sistema de gestión. Ya tienes uno funcionando. La pregunta es si alguien lo ha mirado entero alguna vez.
Antes de diseñar nada nuevo, vale la pena ver con qué se está gestionando hoy. En la mayoría de los casos, la primera mejora consiste en retirar cosas, no en añadirlas.
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