Señales de que un proceso necesita rediseñarse, no más gente
Casi siempre la primera respuesta a un proceso que no funciona es contratar a alguien más. Pero muchas veces el problema no es de capacidad, es de diseño: el proceso pide más coordinación de la que puede sostener, o depende de que una persona concreta esté disponible para que todo avance.
Algunas señales típicas: la misma pregunta se repite en cada entrega porque nadie documentó la respuesta, una sola persona revisa o aprueba todo aunque el volumen ya no lo permite, o el trabajo avanza por correos y mensajes sueltos en lugar de un camino claro.
Sumar gente a un proceso así suele multiplicar el problema, no resolverlo: más personas repitiendo los mismos pasos poco claros. Antes de contratar, vale la pena mirar el proceso con calma y preguntar qué pasaría si simplemente lo rehiciéramos.
Si esto te suena familiar, hablemos.